Dice Vargas Llosa …

Dice Mario Vargas Llosa que dejó de ser socialista cuando ocurrieron tres sucesos que lo marcaron mucho.

Su primer acto de disidencia con la revolución cubana sucedió cuando se enteró de que unos artistas eran torturados y asesinados en campos de concentración cubanos solo por ser homosexuales.

Vargas Llosa le envió una carta privada a Fidel donde le expresó su desconcierto de que la revolución estuviera causando esas injusticias que supuestamente debía eliminar.

Ha contado muchas veces Vargas Llosa que durante esos años cuando viajó por primera vez a la Unión Soviética se desencantó con los falsos logros del comunismo.

Pero el caso del poeta cubano Heberto Padilla, un entusiasta de la revolución que fue encarcelado por criticar la política cultural de Cuba, fue el decisivo.

Vargas Llosa manifestó su protesta junto a otros intelectuales por escrito y desertó. No era comunista, pero era un escritor comprometido con las causas justas.

Las torturas y asesinatos perpetrados por los comunistas llevaron a Vargas Llosa a la acción: dejó de comulgar con la idea de que la violencia en política era un medio legítimo que podía acabar con las causas fundamentales de una sociedad injusta, pero no solo eso; sino que se convirtió en su férreo enemigo y de los que la personificaban.

Recuerdo haberle escuchado decir que en su juventud lo ético era ser socialista sobre todo en los países latinoamericanos porque sus élites eran las responsables de la corrupción y del atraso.

Sus obras más emblemáticas, sobre todo las primeras, eran un reflejo de eso: héroes caídos y utópicos que vivían en sociedades corruptas controladas por militares fanáticos y políticos oportunistas.

Conocidas son las declaraciones de que Vargas Llosa detesta tanto las dictaduras de derecha como de izquierda. En internet abundan ríos de tinta y grabaciones de entrevistas de él criticando las dictaduras de Franco, Pinochet, Fujimori, entre otras y las de Velasco, Chávez, Ortega, Kim Jong-un y Maduro.

O sea, casi cuarenta años luchando de manera constante contra sus mayores enemigos: el autoritarismo y la corrupción viniera de donde viniera.

Estaba muy claro. Vargas Llosa no solo era un escritor de ficción comprometido con la justicia, sino también uno consecuente como muy pocos —un referente o una guía moral en un país perdido con vocación suicida. ¿Lo sigue siendo?

Me desconcierta desde hace un tiempo, sobre todo desde que empecé a vivir en Europa y ver al mundo de una manera menos ideologizada, su silencio o sus tibias críticas a los fracasos de los gobiernos neoliberales de Ecuador, Chile y Colombia.

Me desconcierta que, así como criticó los abusos del socialismo, no haya criticado a esos gobernantes neoliberales que él apoyó abiertamente.

Dijo varias veces Vargas Llosa que Lenín Moreno, Sebastián Piñera e Iván Duque iban a velar por la democracia y la libertad. Pero en realidad lo que han hecho con sus ciudadanos que salieron a protestar en contra de medidas económicas neoliberales que los empobrecían más es enviar a los militares, la policía y silenciarlos a puro garrote y balazo.

Cuando Venezuela comete esas atrocidades, entonces ahí sí hay que denunciar el fracaso del socialismo del siglo XXI. Y cuando los gobiernos neoliberales se comportan igual, ¿dónde está la denuncia de Vargas Llosa?

Los videos y testimonios que denuncian el uso de la fuerza innecesaria de esas democracias imperfectas abundan, pero los artículos de Vargas Llosa denunciándolos no. ¿Alguna carta criticando a Piñera o Duque por lo que han hecho? No que yo sepa.

Pero bueno, no hay modelo económico perfecto. Es verdad. Y también es verdad que hasta en los países civilizados a veces a la policía se le va la mano; y eso no quiere decir que sus ciudadanos vivan bajo un gobierno autoritario o genocida.

Algunos dicen que el silencio reciente de Vargas Llosa hacia los gobiernos neoliberales sudamericanos se debe a que desde que le dieron el Premio Nobel se volvió mucho más elitista que antes. Dicen que lo de marqués lo ha cambiado. Yo no sé.

También dicen que como tiene mucho tiempo viviendo en España se ha desconectado de la realidad de los países latinoamericanos. En muchos aspectos, el Perú de la actualidad sigue siendo tan fallido como el Perú de su juventud. La pandemia ha desbaratado los andamios donde se construía el efímero éxito del extraño modelo peruano.

Pero bueno, su espíritu comprometido por lo menos en lo que respecta al autoritarismo y corrupción de los políticos peruanos todavía estaba ahí: se opuso abiertamente a Keiko Fujimori en el 2011 y 2016.

Dijo Vargas Llosa en más de una ocasión que votar por ella significaba reivindicar la dictadura corrupta y asesina de su padre. Esa crítica no fue motivada por el odio ni el resentimiento tras ser derrotado por Alberto Fujimori en el año 1990, sino porque el chino se convirtió en dictador dos años después cuando cerró el congreso, corrompió los medios (una forma de silenciarlos) y sacó a los militares a la calle, entre otras atrocidades.

Ahora dice Vargas Llosa que lo que debemos hacer es votar justamente por esa misma candidata que él impidió que se convirtiera en presidenta dos veces. Fue gracias a él que ella no ganó; así que su endose me resulta desconcertante e inconcebible.

Su temor al supuesto comunismo de Pedro Castillo —una idea completamente infundada y desbaratada por gente respetable que no es comunista— no justifica que quien lideró el movimiento antifujimorista y lo promovió con justas razones nos diga ahora que Keiko, acusada de liderar una organización criminal y con un pie en la cárcel, representa la libertad y la democracia.

Lo mejor que Vargas Llosa podría haber hecho si Pedro Castillo le parecía tan nefasto es criticar ambas candidaturas controversiales como criticó a Hugo Chávez y anteriormente a Keiko Fujimori, mantenerse al margen y desearle lo mejor al Perú.

Yo, desde luego, desde que empecé a leer sus libros y artículos seriamente como un fanático ya hace casi veinte años, no le haré caso por primera vez y se siente muy extraño. Es como haberme quedado huérfano.  

Mi absurda existencia ha sido más rica y emocionante gracias a él. Ya que soy incapaz de escribir como Vargas Llosa y de publicar algo que valga la pena, he buscado imitarlo en sus otras formas de ser.

He leído como un loco a muchos de los escritores que él leyó. Si sé quiénes fueron Flaubert, Dickens, Hemingway, Wolfe, Camus, Joyce, Nabokov, Lessing, Russell, Berlin, Borges, Fuentes, entre otros, es gracias a él.

Si he leído a otros autores que él no me recomendó es también indirectamente gracias a él porque fue Vargas Llosa quien me despertó la curiosidad por aprender. No mi familia, ni la escuela ni la universidad.

Si vivo en Londres se debe a él y si alguna vez viví en Moscú también fue indirectamente por él. Y así podría seguir.

Y si soy antifujimorista es porque esencialmente soy vargasllosista, aunque Vargas Llosa, como varios de sus compañeros del Movimiento Libertad, se haya vuelto ahora uno más de los Fujimori.

Todavía me cuesta creerlo.

Londres,

05 de junio de 2021

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