The Guardian: Cómo hacer que un diario dure 200 años

The Guardian celebra su bicentenario con la reimpresión de su primera edición.

The Guardian, uno de los diarios británicos internacionales más leídos en el mundo, cumplió el pasado miércoles 200 años y lo celebró con la reimpresión de su primera edición que salió el 5 de mayo de 1821 en periódico de gran formato.

Cuando salió esa edición por primera vez, el Reino Unido vivía su primera revolución industrial, Canadá seguía siendo colonia británica bajo el reinado de George IV, Charles Dickens tenía tan solo nueve años, eran los últimos años del Imperio Español en América y mi querido Perú todavía era una colonia española que pronto se independizaría de su madre abusiva. El mundo actual resultaría incomprensible para todas esas personas que ya no están aquí.

La primera edición de 1821 está hecha de cuatro páginas larguísimas con letras tan pequeñitas, diminutas que se necesita tener buena vista para poder leerlas o en todo caso una lupa al estilo Sherlock Holmes.

Felizmente, yo, que tengo todavía una vista de halcón, he podido leer casi todo lo que está dentro de esta edición conmemorativa; excepto algunas palabras ilegibles y manchadas por la misma imprenta de esos años.

Al enterarme el miércoles en Twitter como al mediodía de esta edición especial salí corriendo al supermercado y para mi fortuna quedaba solo una; así que me la compré.

Luego me fui a uno de los cafés Nero que está cerca de mi casa, me pedí un cortado y me senté afuera a leer ese diario del pasado como si estuviera en el mismo 5 de mayo, pero de 1821 para saber qué se reportaba exactamente hace dos siglos por estos lares.

La primera edición de The Manchester Guardian fue publicada el 5 de mayo de 1821.

Por aquel entonces el diario se llamaba The Manchester Guardian e inicialmente se publicaba solo los sábados. Costaba siete peniques, más o menos £2 en la actualidad. Hoy cuesta £2.20, así que tan barato no es.

En 1855, se empezó a publicar de lunes a sábado, algo que continúa hasta el día de hoy, y en 1993 compró The Observer, diario que se publica los domingos y que es el dominical más antiguo del mundo.

Desde sus inicios, The Guardian, llamado así recién a partir de 1959 porque para ese entonces ya se había convertido en un diario de interés nacional e internacional, ha defendido una línea de centro izquierda y sobre todo de oposición al gobierno de los Tories.

El diario surgió como respuesta a la masacre de Peterloo —acuñada así tras la Batalla de Waterloo— ocurrida en 1819 en la plaza de St. Peter’s Field en Manchester y perpetrada por una milicia financiada por los ricos de esa ciudad que asesinó aproximadamente a 18 obreros y dejó cientos de heridos que exigían tener más representación política en una época donde solo los terratenientes más adinerados podían votar.

Edificio desde donde funcionaba The Manchester Guardian en 1821 – Un siglo de historia por W Haslam Mills (Londres, 1921). Crédito: Ilustrador desconocido

The Manchester Guardian entonces se vio en la necesidad de surgir como un diario con el objetivo de representar y empoderar a sus lectores, y eso solo fue posible gracias a las donaciones de 11 benefactores que apoyaron al primer editor John Edward Taylor cada uno con £100 para su publicación y distribución.

La portada de 1821 todavía no usaba imágenes y más bien estaba llena de pequeños avisos publicitarios bastante peculiares, una práctica que el diario mantuvo hasta 1952. Por ejemplo, el primer anuncio publicado de esta edición conmemorativa —es decir el primero en toda su historia— buscaba al dueño de una perra Terranova de color negro extraviada y se le daba un plazo de 14 días antes de proceder a venderla si es que no aparecía.

Aviso de una perra extraviada

A ese anuncio le siguen otros avisos de los más variados: avisos sobre ventas de ropa, alquileres, algunas subastas y sorprendentemente un aviso sobre la publicación de un libro vegetariano. Si alguno pensaba que eso de ser vegano o vegetariano era una moda hípster de nuestros tiempos, pues está claro que no. Cuento todos los anuncios y me doy cuenta que hay 41 en total.

El libro recomendaba un nuevo sistema de cocina vegetariana y la abstención de comida animal e intoxicación de licores.

En la segunda página se encuentra un puñado de noticias internacionales y locales tomadas del London Gazette, uno de los diarios más antiguos del Reino Unido que ha publicado sin interrupción desde 1665. En la primera columna, en total hay seis columnas, se informó sobre los vientos de libertad que pasaban por las ciudades brasileñas de Bahía y Pernambuco que peleaban por su independencia del Imperio Portugués en febrero de 1821, algo que Brasil obtendría finalmente en 1822.

Todas esas noticias se informaban muchas semanas después de haber ocurrido. Por increíble que parezca así de lentas eran las noticias de aquella época.

Sobre las revoluciones independentistas que ocurrían en Brasil en 1821.

Luego, en las siguientes columnas se reportaron los debates parlamentarios que tenían lugar en la Cámara de los Comunes y de los Lores en el Parlamento de Westminster, como sigue ocurriendo actualmente, pero puesto que por esos años la sucursal del diario estaba en Manchester —es recién en 1964 cuando The Guardian se trasladó a Londres— todo lo que se discutía en el Parlamento se informaba unos días después porque los editores dependían de una diligencia; es decir, de un carruaje que se encargaba de transportar los periódicos que se publicaban en Londres. Recién con la llegada de los trenes de la Revolución Industrial en la mitad de ese siglo y luego con la aparición del telegrama, los diarios empezarían a reportar los debates parlamentarios al día siguiente.

En 1964, The Guardian se mudó a Londres y en 1976 se mudó a este edificio en la calle Farringdon. Crédito: Peter Johns / The Guardian

En la sexta columna de esa misma página se encuentra la primera editorial del diario con el mismo enfoque que ha perdurado en sus dos siglos de publicación; es decir, un diario serio, enemigo de la difamación y con un deseo genuino de atender los temas de interés público.

Sede actual de The Guardian desde 2008 en King’s Cross. Crédito: PR/The Guardian

La tercera página, que abro con mucho cuidado para no estropearla, informó también una variedad de historias peculiares. Sin duda la más interesante fue la de un fantasma en Truro, una ciudad de Cornwall, que tenía muy intrigada a la gente local: una noche alguien empezó a lanzar piedras y a destruir las ventanas de un depósito de armas de una milicia y nadie, ni el alcalde, ni la policía, ni los centinelas podían dar con el responsable. Los habitantes de la zona estaban tan convencidos de lo sobrenatural del suceso que atribuían el lanzamiento de esas piedras a “manos no mortales”.

Historia de un fantasma

Finalmente, la contraportada, es quizá, lo mejor que tenía este diario antiguo. Lo más destacado es un poema del poeta irlandés Thomas Moore, un ensayo sobre sonidos inaudibles, un reporte con datos sobre el estado de la educación en Manchester y dos cartas desgarradoras y desdichadas escritas por una tal Anna Francis que extrañaba su natal Inglaterra desde un asentamiento británico en Sudáfrica adonde se fue con su marido.

Correspondencia que provenía de asentamientos coloniales en Sudáfrica. Las cartas tenían como destinatario a una señora con el apellido de Blackburn y vivía en Leytonstone, Essex.

Cuando el diario cumplió cien años, Charles Prestwich Scott, el editor de aquel entonces, escribió un editorial que ha pasado a la historia como uno de los mejores editoriales del mundo periodístico escrito por defender justamente lo que The Guardian hace desde sus orígenes: un periodismo independiente, franco, justo y fiscalizador que respeta la fidelidad de los hechos.

Su lema “Comment is free, but facts are sacred” y adaptarse a los tiempos han sido claves para que el diario sobreviva dos siglos.

Cien años después, Katharine Viner, su primera editora mujer en la historia del diario, se mantiene fiel a ese principio original agregando dos más: seguir representando a la comunidad local, pero ahora también a una de escala global para confrontar las crisis del mundo moderno en el que vivimos.  

A pesar de no tener un muro de subscripción para acceder al diario online, modelo que ha reportado ganancias a The Times o The Telegraph, entre otros diarios británicos, The Guardian, financiado por la Scott Trust Limited, el año pasado logró un millón y medio de contribuyentes en plena pandemia y su versión digital gratuita alcanzó más de 200 millones de visitas en solo un mes.

En 2020 la página web de The Guardian consiguió aproximadamente 238 millones de visitas únicas en tan solo un mes. Crédito: The Guardian

Sin duda, el diario se ha sabido ganar la lealtad de los británicos y de otros ciudadanos del mundo, pero sobre todo ha sabido sortear con éxito los vaivenes del tiempo y ser testigo de revoluciones industriales, dos guerras mundiales, el fin de un imperio, los años de la Guerra Fría, el colapso del comunismo soviético y ahora, en esta era digital y de la inteligencia artificial donde el periodismo clásico está en crisis y quizá en vías de extinción, también lo viene haciendo muy bien.

¿Llegará a celebrar algún día su tricentenario? Quién sabe. Tal vez sí, pero para ese entonces todos estaremos tan muertos como esas almas de 1821.

Londres,

8 de mayo de 2021

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