El país salvaje

Meme de la segunda vuelta presidencial en Perú entre Pedro Castillo de Perú Libre y Keiko Fujimori de Fuerza Popular

Ha pasado casi una semana desde que vi los resultados de la primera vuelta presidencial en Perú desde Londres, donde vivo y en estos días como no hay otra alternativa he pasado de la conmoción a la resignación.

En la tarde del domingo fui al colegio donde me toca votar, el Millbank Academy ubicado en el distrito de Westminster, corazón de Londres, a tan solo una milla del Palacio de Buckingham.

Mentiría si dijera que fui motivado o ilusionado a votar o que fui porque creo en la democracia peruana.

Eso sería un chiste de mal gusto y una mentira tan obvia para todo el que está bien informado porque resulta que no tenemos democracia; lo que tenemos es un país injusto y groseramente desigual, que dice ser democrático, que quizá quiere ser democrático, pero que tiene un puñado de peruanos, el establishment limeño, viviendo de puta madre, perdónenme el francés, mientras el resto del país se empobrece más y más y se muere contagiado de Covid.

Ese puñado de peruanos piensa que como el modelo económico de los últimos treinta años les ha resultado y enriquecido pues hay que mantenerlo, aunque millones sigan viviendo en barrios marginales donde nunca llegó bonanza alguna y con sueldos miserables.

Caricatura del modelo económico neoliberal peruano que se instaló en Perú en la década de los 90 bajo la dictadura de Alberto Fujimori (1990-2000) Crédito editorial: Diario La República

Así que lo que me motivó salir de casa el domingo no fueron las palabras vacías de los políticos de mi país, sino disfrutar del día soleado que hizo en la capital, la arquitectura de los edificios antiguos y renovados y la visita a St James’s Park, a donde fui después de votar. Pero también fui a sufragar porque simplemente no quería pagar la multa que te cae si no votas. El voto en Perú, estés ahí o no, es obligatorio.

Entiendo que como ciudadano tengo la responsabilidad de cumplir con ese deber cívico, pero lo que no entiendo es cómo los que nos gobiernan no cumplen con el suyo en darnos una clase política que esté a la altura de las circunstancias. ¿Acaso es mucho pedir? Sí y en el Perú siempre lo ha sido.

Ir a votar y no creer en ninguno de los candidatos porque muchos de ellos están involucrados en casos de corrupción, son oportunistas o improvisados se convierte entonces en una farsa, en un acto forzado donde todavía nuestras autoridades tienen el morro de querer castigarnos con multas si es que no vamos y elegimos a esos que pelean por convertirse en nuestros gobernantes.

Si nosotros no cumplimos, entonces ellos se valen del sistema y nos multan. ¿Por qué no los castigamos también ahora que sus divisiones e intereses egoístas nos están llevando prácticamente al abismo?

¿Qué hacían compitiendo cinco candidatos de derecha y cinco candidatos de izquierda a la misma vez? Esta vez se presentaron 18 candidatos. Si de verdad fueran políticos con visión de país, ¿por qué mejor no se unieron las derechas y las izquierdas para evitar de esa forma el surgimiento de partidos tan radicales y peligrosos? Su egoísmo es tan grande que han atomizado la política convirtiéndola en minúsculas tribus que no ven más allá de sus narices y la han hecho inviable.

Resulta que, por culpa de la falta de concertación de la clase política peruana, han pasado a segunda vuelta dos de los candidatos más temibles y con poca legitimidad popular para pelear por la presidencia.

A la izquierda: Pedro Castillo de Perú Libre. A la derecha: Keiko Fujimori de Fuerza Popular quien postula a la presidencia de la república por tercera vez. Crédito editorial: Diario Gestión

Por un lado, tenemos a la misma derecha autoritaria, violadora de derechos humanos, controladora de medios de comunicación, corrupta y asesina de los Fujimori y por otro, un modelo de gobierno soviético que se desmoronó por sí solo en 1991 y que Perú intentó seguir llevándonos casi a la anarquía. Se dice que el partido de izquierda radical Perú Libre simpatiza con Sendero Luminoso, el grupo terrorista que llenó de sangre el Perú de mi infancia. ¿Cómo es posible que estén en segunda vuelta cuando la mayoría no los ha elegido?

Tanto Keiko Fujimori, lideresa del partido derechista Fuerza Popular, que más que todo parece una dinastía japonesa, como Pedro Castillo, candidato por Perú Libre, son altamente autoritarios y con ninguno de ellos se puede descartar que el Perú esté lejos de caer en una dictadura, de derechas o de izquierdas, pero dictadura al fin.

Si en la segunda vuelta gana Keiko Fujimori, liberará de inmediato a Alberto Fujimori, su padre que está en prisión por violación a los derechos humanos y casos de corrupción, y gobernará hasta el 2026 —esa es su única agenda. Luego, como por arte de birlibirloque su hermano Kenji Fujimori será el próximo presidente porque el fujimorismo tiene experiencia en fraudes electorales.

Entonces, como mínimo nos esperan diez largos años más de fujimorismo y quién sabe si no serán muchos más si la voluntad de mis compatriotas así lo quiere. Por otro lado, si gana Pedro Castillo, el temor es que Perú se convierta en una dictadura neocomunista que espante a la inversión privada, creadora de empleo, y terminemos pareciéndonos a Venezuela o Corea del Norte. Ojalá que no sea así.

Lo único en lo que coinciden ambos es en su conservadurismo y oposición a los derechos progresistas. Ninguno de ellos quiere morigerar su discurso.

Como se lo comenté a un amigo el otro día: tener que elegir entre uno o el otro es como tener que elegir la forma en que uno quiere morir. ¿Qué será peor? ¿Morir quemado o ahogado? ¿Quiere usted que lo desmiembren, le corten la lengua y luego lo decapiten o que le quiten las vísceras sin anestesia lentamente? ¿Prefiere la silla eléctrica o la cámara de gas? Infórmese qué duele menos por favor. Piénseselo bien, pero en junio me avisa.

El filósofo ruso Mijaíl Bakunin dijo alguna vez que la pasión por la destrucción es también la pasión creativa.  Yo no sé si en este suicido que hemos cometido como país haya algo de creativo, pero lo que sí sé es que, a nosotros, los peruanos, nos apasiona autodestruirnos.

Uno de nuestros líderes más representativos —dos veces presidente del país— se quitó la vida exactamente hace dos años de un plomazo en la sien volándose los sesos cuando se dio cuenta que su vida se había convertido en un infierno. ¿Por qué entonces no podríamos hacer lo mismo?

Bueno pues, gane quien gane en esta lúgubre y aciaga segunda vuelta eso es justamente lo que habremos hecho.

Londres,

17 de abril de 2021

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