¿Qué pasa con el castellano en Cataluña?

“Escribo esta columna con imparcialidad. No me mueve ningún apoyo político a los partidos opositores al gobierno de turno español. Sólo me mueve el cariño a una lengua que también es mía y que viene siendo atacada”.

No hay que vivir en Cataluña para darse cuenta de que el idioma castellano, conocido como español fuera de España, viene siendo discriminado por los independentistas catalanes a vista y paciencia de todos.

Recientemente he leído unos artículos preocupantes que tratan el tema y aunque no sea yo español ni viva en España, el tema no me es indiferente pues como peruano que soy el castellano es mi lengua materna y cuando se meten con la madre pues uno no se puede quedar callado. 

Pero no solo hablo castellano, sino que también la enseño y con ella me gano la vida mientras practico el periodismo en Londres, desde donde observo como un centinela los ataques de los independentistas catalanes a todo lo que sea español.

Bajo el título La lengua oculta, mi compatriota Mario Vargas Llosa, quien, como sabrán algunos, reside en Madrid, alerta a todo el mundo hispanohablante, a donde llegan sus columnas quincenales, de la ley Celaá —la nueva Ley Orgánica de Educación española aprobada hace poco por el gobierno de coalición de turno con el apoyo de los partidos independentistas catalanes. La ley ha sido respaldada por el Senado español con mayoría absoluta.

Con la nueva ley el castellano dejará de ser la lengua vehicular o la lengua oficial de España como lo señala la Constitución española en su artículo 3.

Según la ministra de educación Isabel Celaá, por eso ese nombre a la ley, su predecesora la ley Wert de 2013 era muy elitista y la nueva será más equitativa. Si es así, en buena hora. ¿A quién no le gustaría vivir en un país más equitativo?

Pero me temo que esa ley en realidad, por lo menos en lo que respecta al idioma, no será equitativa porque permitirá que continúe la discriminación al castellano en Cataluña y creo que las críticas dentro de la misma España, y también desde el extranjero, como la de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, son muy válidas. ¿En qué sentido es el castellano una lengua elitista? 

Conozco España, he estado muchas veces ahí. Tengo amigos españoles muy queridos en diferentes partes de ese país. Quien la conoce sabe que es un país plurilingüístico y plurinacional donde la constitución promueve el bilingüismo y el biculturalismo reconociendo como lenguas cooficiales el euskera, el gallego, el valenciano y, por supuesto, el catalán en sus respectivas comunidades autónomas. 

Pero es sólo en Cataluña donde el conflicto lingüístico entre el castellano y el catalán es un problema que ya no se puede tapar con un dedo. 

Si ya con la ley Wert el gobierno de la Generalitat no ha respetado la exigencia judicial de que un 25% de la enseñanza impartida en las escuelas catalanes se de en castellano, me temo que Vargas Llosa tiene mucha razón cuando dice que los independentistas buscan rebajar y disminuir la lengua castellana.

Ahora han conseguido la base legal para continuar haciéndolo. ¿Así busca la equidad el gobierno del PSOE y Unidas Podemos? 

La ministra Celaá ha desestimado esos temores y ha dicho que en ningún momento se busca ese futuro para la lengua de Cervantes, pero a mí me quedan mis dudas porque al parecer el conflicto no solo ocurre en las escuelas sino también en las universidades. 

El lingüista y periodista argentino Bruno Bimbi criticó recientemente en un artículo titulado ¿Cómo se dice xenofobia en catalán? la discriminación grosera que padecen el castellano y sus hablantes en las universidades catalanas donde muchos de ellos son extranjeros latinoamericanos o de otros continentes. 

El artículo, contado como un relato y apoyado en datos estadísticos, es muy verosímil, pero a pesar de eso la revista CTXT, donde el periodista la publicó como colaboración, se tuvo que disculpar a través de una carta con sus lectores, muchos de ellos independentistas ofendidos que lanzaron amenazas e insultos por internet al periodista argentino. Hasta el rector de la Universitat Pompeu Fabra José Luis Martí le escribió una réplica al periodista negando la discriminación al castellano. 

Pero yo no tengo duda de que esa discriminación es real y no hay que estar en Cataluña para experimentarla. 

Recuerdo muy bien mi experiencia como alumno de un máster online en traducción que hice con la Universitat de Vic—Universitat Central de Catalunya cuyo primer año coincidió con el referéndum de independencia ilegal de 2017. 

Aunque es cierto que sí lleve todos mis cursos en castellano, también es cierto que muchas veces noté indiferencia por parte de la universidad a mis correos que escribía obviamente en castellano y que ella a veces respondía en catalán. ¿Eran errores? A veces pensaba que sí, pero otras veces me quedaba la duda. 

Lo mismo le pasó a un compañero mío de La Coruña quien tras quejarse públicamente en uno de los foros virtuales que usábamos, la directora le respondió que eso le parecía raro porque el máster estaba pensado no sólo para catalanes sino para gente que hablaba inglés, francés y español. 

Y es verdad lo que ella decía, pero eso no era lo que parecía cuando uno recibía correos en catalán, que luego uno tenía que traducir en Google. 

Así que cuando me volvieron a responder un correo en catalán durante ese mismo año, le pedí a la universidad que por favor me lo volviera a enviar en castellano porque yo no hablaba catalán. No respondieron. 

Pocas semanas después volvieron a hacer lo mismo dos veces más y solo tras quejarme me enviaron un correo con la información en castellano, pero ni siquiera se disculparon. Eso me hizo sentir muy incómodo. Pensé: ¿Qué hubiera pasado si hubiera ido a Cataluña a hacer el máster presencial como en algún momento consideré? ¿Me habría pasado lo mismo que las personas del relato del periodista argentino? Posiblemente.

Felizmente el 2019 pude terminar el máster sin ningún problema, pero esa incomodidad la volví a sentir hace tres semanas cuando le escribí a la universidad para saber si ya podía solicitar mi título, un trámite que en la burocracia española demora nada menos que un año —y para mi mala suerte— me respondieron otra vez en catalán. Mi correo electrónico estaba en castellano ¿por qué responder en catalán? ¿No es eso una falta de respeto? ¿No es eso discriminación?

Esta vez mi queja fue más fuerte y por lo menos se disculparon, pero uno no tendría que pasar por estos sinsabores. 

Cuando le pregunto a mis alumnos en Londres ¿por qué estudian español? una de las respuestas más comunes entre muchas es que quieren ir a Barcelona y entonces a veces siento el impulso de serles honesto.

Siento el impulso de decirles que mejor piensen en otra ciudad española porque cuando estén en Cataluña y quieran hablar castellano con los catalanes lo más probable es que estos los ignoren y les respondan en catalán aun cuando tienen la competencia lingüística de responderles en castellano, pero no quiero quitarles la ilusión y por eso guardo silencio. 

Hace tan solo unos días una compatriota mía que es nueva en Barcelona me contó por WhatsApp que el fin de semana entró a una farmacia a comprar unas medicinas para ella y que el farmacéutico, una persona ya mayor, sólo le hablaba en catalán a pesar de que ella le había dicho más de tres veces que no le entendía. Solo ahí cambió entonces el hombre a regañadientes y le habló en castellano. 

Hay que estar ciego entonces para no reconocer que el castellano viene siendo discriminado en Cataluña, es decir, en propio territorio español y me temo que la nueva ley no ayudará en nada a solucionar el conflicto lingüístico que existe ahí. 

Escribo esta columna con imparcialidad. No me mueve ningún apoyo político a los partidos opositores al gobierno de turno español. Sólo me mueve el cariño a una lengua que también es mía y que viene siendo atacada.

Ojalá todos los hispanohablantes, tanto españoles como latinoamericanos, pudiéramos salir a las calles a protestar como lo pide Vargas Llosa.  

Ojalá pudiéramos defendar una lengua que muchos extranjeros fuera de España darían todo por hablar.

Si no fuera por esta maldita pandemia que nos tiene prisioneros, yo me iría a España y me uniría a esa marcha.

Londres

29 de diciembre de 2020

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s