Cuando me vuelva loco

Cuando el silencio se apodera de la calle y solo es el viento el que golpea la ventana mientras intento dormir es inevitable pensar que aunque estoy en la mitad de mi juventud disfrutando la suerte de estar vivo, llegará el momento en que todo esto se acabará aunque no sé cómo ni quién de mis familiares y los poquísimos amigos que tengo se irán primero.

Veo sus fotos, observo con atención el paso del tiempo, la fortaleza de nuestros años y la decadencia en la que van cayendo lentamente nuestros cuerpos y no puedo evitar pensar quién será el primero en marcharse. ¿Seré yo? ¿Serán ellos? ¿Quién se irá primero? son las preguntas que pasan por mi mente hasta que sin darme cuenta me duermo. Pero, toda esa imaginación sobre el futuro incierto es soportable; excepto cuando pienso en mi madre.

Sé que el día en que ella se vaya lloraré mucho; probablemente me vuelva loco y no me opondría a ello. Pero no estaré triste por mucho tiempo, es que no podría soportar demasiada tristeza. Tampoco le reclamaré nada a Dios ni le haré las preguntas que todos le hacen buscando respuesta porque no creo en él y porque aunque me las respondiera tampoco se las creería. Solo sabré que nada tendrá sentido y que al no haber otra solución lo mejor será refugiarse en la demencia.

Me olvidaré de mi nombre, mi apellido y de quién soy. Hablaré incoherencias, no me acordaré de dónde vengo ni en qué época vivo. Mi pelo y barba serán una chascona de rulos grises y descuidados. Sonreiré con los dientes sucios, me cubriré con los mismos harapos en verano y en invierno, me cagaré y mearé en los pantalones, visitaré los cafés, las bibliotecas y hojearé los periódicos sin entenderlos.

Caminaré con un libro sin saber para qué es un libro. Me la pasaré sentado en la banca de los parques mirando sin mirar, no sabré lo que es la mañana ni la tarde. Me reiré con cualquier movimiento de los pájaros sin saber que son pájaros, y cuando sea de noche me dormiré sin darme cuenta de que se acaba el día y que otro empieza. Cuando sienta frío me cubriré con cajas y costales y cuando sienta calor caminaré enseñando el miembro y el culo despintado por todos lados.

La policía me llevará a la comisaría y no les tendré miedo. Tampoco me acordaré de cuántas veces ya hayan hecho lo mismo. Me llevarán al manicomio, me bañarán a manguerazos y de tanto frío y dolor gritaré: mamá, mamá, sin saber lo que digo, mamá, mamá, sin saber dónde estoy y, mamá, mamá, sin saber qué me ocurre ni quiénes son esos señores de blanco. No me gustará la comida que me den ahí, que me afeiten ni que me limpien el culo.

Me escaparé aprovechando la noche, saldré de puntillas y cuando me oigan, correré como un perro miedoso todo lo que pueda hasta dejarlos atrás. Cuando vea a la polícia otra vez los reconoceré y los evitaré, me refugiaré en los arbustos, en los parques solitarios. Pasarán los días y para no morirme de hambre comeré lo que encuentre en los tachos de basura. Todo me sabrá igual: un pedazo de pizza mascada me sabrá igual, papas fritas, pedazos de naranja, de lechuga, de tomates jugosos, un poco de coca cola, de leche podrida, dará igual. Comeré escondido detrás de los contenedores sin lavarme las manos, comeré mi mierda y todo me sabrá igual. Subiré a los autobuses, me pasearé sin pagar y conoceré como nunca antes toda la ciudad.

Habrá gente que me agarre cariño, me cuidarán y yo en mi demencia también les cogeré cariño. Me dirán loco, loquito, y les responderé en mi propio idioma sin vocales y consonantes. No me entenderán ni mierda pero se reirán y por eso me querrán. Asustaré a los niños, a las jovencitas y sin querer los haré llorar. Los que no me conozcan me evitarán, cruzarán la calle, y los que no la crucen, se taparán la nariz mientras apuran el paso. Algunos delincuentes me dejarán pasar, pero otros no harán una excepción conmigo y me asaltarán, me golpearán, me quitarán las cosas que encuentre en los basurales y los regalos de la gente. Algunos me quitarán la comida, no me dejarán en paz, me hostigarán y hasta me violarán y de seguro ahí también gritaré de dolor en mi locura: por qué te fuiste mamá, percibiendo que me hacen daño pero sin saber exactamente qué me pasa.

Pasarán los años y de tanto deambular me encontraré con una loca sucia, también desnuda, enseñando las tetas y sus partes peludas. Veré cómo se la lleva la policía y cómo la arrastran al manicomio. La seguiré sin que se den cuenta y cuando vea que la golpeen con chorros de agua la rescataré y los dos correremos con todas nuestras fuerzas hasta que nos pierdan de vista. No le preguntaré cómo se llama porque no sabré lo que es un nombre, eso no importará pero la protegeré, la cuidaré y para que no sienta frío de noche la cubriré con mis cajas y costales. Tampoco le preguntaré de dónde viene ni cuántos años tiene porque aunque loco sabré por instinto que esas cosas jamás se preguntan a una mujer. Seguro me tendrá miedo, me querrá arañar, estará a la defensiva, pero se dará cuenta de que no soy ni la policía ni un psiquiatra desalmado. Cuando tenga hambre la alimentaré con lo que encuentre en los contenedores. Compartiremos todo: uno será de ella y el otro será mío. No conversaremos ni nos diremos nada y cuando lo hagamos cada uno hablará su idioma; sin saber lo que digamos nos entenderemos.

En el barrio nos dirán que vivan los locos, que vivan, y nos aplaudirán, nos felicitarán. Uno que otro cuerdo desdichado sentirá envidia de nosotros, no lo creerá, y deseará volverse loco para ser feliz como nosotros. No pelearemos ni sabremos lo que son los celos. Apestaremos y no nos importará en lo más absoluto. Cuando sea de noche dormiremos juntos entre cajas y periódicos y sin darnos cuenta sentiremos el impulso de abrazarnos y terminaremos follando como los caballos.

Amanecerá y para mi sorpresa mi loca se habrá ido. La buscaré entre los arbustos y no la encontraré. Vaciaré los contenedores y tampoco estará ahí. Iré a la comisaría, al manicomio y nadie me sabrá dar razón de ella. Me sentiré solo, triste, mi ignorancia y locura no me serán refugios suficientes. Desesperado caminaré por doquier buscándola, extrañando su calor, su olor, sus sonidos incomprensibles, su compañía y los coitos al aire libre. Me la pasaré sin dormir varias noches y solo me detendré cuando caiga rendido de cansancio. Me apoyaré en el tronco de un árbol y ahí me darán ganas de llorar y lloraré amargamente comiéndome los mocos y las lágrimas preguntándome el porqué de las cosas. Me volverán a meter al manicomio y esta vez ya no pondré resistencia. Comeré lo que me den, dejaré que me bañen y ahí envejeceré. Haré garabatos en papel y jugaré con rompecabezas.

Cuando llegue la hora de morir, estaré en una cama rodeado de psiquiatras, enfermeros y otros locos más un cura, pero yo sólo estaré viendo la cara de mamá sonriéndome y hablándome. Al final te encontré mamá, ya no tengo nada más que hacer aquí.

Londres,

Abril de 2017

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